Feria de monstruos

Una lección de humanidad

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Descubrí a Berni Wrightson en una de esas fascinantes portadas que aparecían periódicamente en la revista Creepy desde 1966. Ilustraciones barrocas muy características, con trazos vigorosos, luces y sombras propias de las escenas a contraluz y un expresionismo perturbador que absorbía cualquier mirada.

Un joven Wrightson alcanzó la fama ilustrando los diez primeros números de La cosa del pantano antes de que la guionizara Alan Moore, consagrándose posteriormente como el gran maestro del terror al realizar adaptaciones de cuentos de Edgar Allan Poe y Lovecraft. De este último hay que mencionar Aire frío cuya escena final, a pesar del juego de palabras simplón, deja al lector helado. Entre sus trabajos está la fiel adaptación al cómic de Creepshow, la colaboración fílmica entre George A. Romero y Stephen King. Para muchos lectores sus historietas más impresionantes son las que realizó conjuntamente con Bruce Jones al guion entre las que destacan Jennifer, El hombre que ríe o la fascinante Feria de monstruos.

Feria de monstruosFreak show— es un clásico cuento de terror cuya puesta en escena es heredera de su casi homónima La parada de los monstruosFreaks— célebre película de Tod Browning. En ambas las criaturas deformes que integran el macabro reparto forman parte de un itinerante espectáculo de rarezas bizarras y en ambas el monstruo, entendido como villano, no se define por su apariencia física sino por la relación con sus pares.

Es curiosa la evolución lingüística del término freak que da título a las dos obras. En ellas se emplea para referirse a las personas que se distinguían por tener alguna malformación o anomalía física y esta acepción se usó de forma habitual hasta 1970. Hoy en día se utiliza para referirse a individuos extravagantes o con aficiones poco comunes como un adjetivo afectivo. Mención especial a los lectores y aficionados a la historieta, como usted lector, que quizás incluso acude a una librería especializada en cómic de Barcelona conocida por este término.

Feria de monstruos comienza de forma teatral, con la narración de un relato que antecede al espectáculo que está por llegar y que atrae de igual forma a los propios habitantes del pueblo en donde se desarrolla la primera escena como al propio lector que cae hipnotizado ante unas inquietantes viñetas. El protagonista de este terrorífico cuento es un predicador itinerante que viaja en carromato recogiendo «a los deformes, a los deprimidos y a los repudiados de los cuatro rincones de Europa» para exhibirlos bajo el lema de Los infelices de Valker: «Que la vista de estos infelices os recuerde la suerte de que disfrutáis». Valker es un evangelizador soberbio y puritano con una historia repleta de sombras por su pasada afición al alcohol y representa, Biblia en mano, la indefinible experiencia religiosa de quien ha visto la luz. En su viaje redentor, ayuda con mano firme a los desgraciados, a los desesperados, a quienes por su apariencia física han dejado de querer vivir y juntos forman una gran familia que alcanzará su cénit cuando Lila se encuentre en su camino: «No llores más niña, estoy contigo».

En esta historia cada viñeta de Wrightson tiene la fuerza visual de un grabado de Doré, tanto en los escenarios, donde la densa lluvia y la oscuridad nocturna crean una atmósfera amenazadora, como en la mirada y en las posiciones corporales de los personajes, que discurren entre lo conmovedor y lo escalofriante. La voz en off de la narración, de la mano de Jones, te cala y prepara para el turbador e inesperado desenlace, sin duda uno de los mejores finales que ha dado una historia de terror.

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