The Eyes

El espejo del alma (atormentada)

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Que la realidad no es la que es sino la que vemos es algo que empezamos a tener más o menos claro. Los nuevos tiempos, llenos de fake news y demagogia, parecen estar empeñados en demostrarnos que aquel viejo dicho de «ver para creer» en realidad siempre debió ser «creer para ver». La vista es por tanto nuestra vía principal para entender e interpretar el mundo que nos rodea. Y dentro de tan relevante proceso, los ojos tienen un papel protagonista. Ellos nos cuentan qué pasa ahí afuera. Nos recuerdan entre parpadeos que no estamos solos ni vivimos aislados en la prisión de nuestro cuerpo físico. Pero también nos mienten. Nos engañan. Fabulan para explicarnos aquello que captan, pero lo hacen a su manera. Son dos pequeños narradores no fiables incrustados en nuestro cráneo que, si nos despistamos, nos pueden jugar una mala pasada contándonos un relato que nunca tuvo lugar.

Las cinco historias que componen el webcómic The Eyes hablan de los límites de esa ilusión y los trasladan a un espacio que Javi de Castro domina con gran pericia: la fantasía y la ciencia ficción. Cinco relatos cortos que juegan con la confusión, la magia o las nuevas tecnologías para atraparnos en episodios que nos arrastrarán hasta una frontera difusa donde todo es posible. El autor nos devuelve así al sentido de la maravilla de The Twilight Zone pero también a esos giros y esa angustia vital de los capítulos de Inside No. 9 y, por supuesto, al costumbrismo fantástico traído con tanta naturalidad en ¡Universo! de Albert Monteys. Cinco historias independientes que a pesar de no parecerse en nada, pivotan alrededor de una única idea clara y concisa: ¿podemos confiar en lo que vemos? ¿Qué se esconde allí donde no llega la vista?

Porque The Eyes se centra en los ojos de sus protagonistas, pero sobre todo en sus almas. Y en el tormento que sufren. Ahí está Ceguera, su primera historia, con dos hermanos, muy decimonónicos ellos, hijos de un ilustre científico que parece guardar un secreto algo más oscuro que el de la fórmula de un suero que nos recordará a cierta obra de H. G. Wells. Espejismo, la segunda historia, se acerca a un futuro —más próximo de lo que nos gustaría— en el que el mundo digital y real amenazan con colisionar y donde el precio de la fama puede ser demasiado alto para los influencers ávidos de seguidores. Mal de ojo es un relato policíaco más cercano a nuestra sociedad en el que una inspectora tendrá que enfrentarse a un caso donde mito y locura se dan de la mano como solo las tramas de True Detective saben plasmar. Y yendo a nuestra época de juventud, Visiones nos atrapa con un extraño artefacto que muestra a su protagonista un conjunto de señales que le hacen tomar una decisión que le acompañará durante toda la vida —o vidas—. Por último, Desenfoque vuelve a la ciencia ficción más ochentera y, sin dar detalles de la trama, diremos que John Carpenter estaría muy orgulloso de leer esta simpática vuelta de tuerca de una de sus películas más emblemáticas.

Lo interesante de estas propuestas, amén de la originalidad de sus tramas, está en que Javi de Castro da uso en cada historia de un recurso narrativo que solo el cómic digital permite. La aparición o desaparición de personajes, el holograma que no acaba de funcionar del todo bien y parpadea, o la visión alterada que muestra la Verdad a ráfagas son solo tres ejemplos de la versatilidad de un autor que ha encontrado en este formato el canal idóneo para disfrutar de una experiencia única e intransferible al papel. Tal como ha explicado en alguna entrevista sobre The Eyes, el cómic digital no parece que vaya a sustituir al papel, pero sí puede ofrecer un camino más a explorar. Un camino que no se quede solo en la mera digitalización, sino en investigar el potencial de un medio que puede desarrollar su propio lenguaje. The Eyes es un buen ejemplo de esas primeras exploraciones en la técnica que han sabido acompañarse de una narrativa poderosa que atrapa desde la primera viñeta y nos obliga a deslizar la vista por la historia hasta su sorprendente cierre. Habría que estar ciego para no verlo.

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