Los mitos de Cthulhu

Horror vacui

LosmitosdeCthulhu

«La historieta sigue siendo un género marginado, no reconocido por la cultura oficial. No es lo mismo ser una primerísima figura en la historieta que ser un pintor mediocre: siempre va a ser más reconocido el pintor mediocre, a nivel oficial y de prestigio social».

Alberto Breccia

Alberto Breccia, dibujante extraordinario, narrador genuino, desarrolló un compromiso de fidelidad inquebrantable hacia el cómic, fruto de una confianza ciega en sus posibilidades como medio. Ya en sus trabajos iniciales como Vito Nervio, Breccia exhibía una calidad gráfica superior. Pero serán obras posteriores a finales de los sesenta, como Mort Cinder, Vida del Ché, o su personal recreación de El Eternauta, todas con Oesterheld, las que supondrán un salto adelante en la consecución de un estilo propio frente a los estándares populares. Ni siquiera la profunda crisis de la industria argentina de la historieta, fruto de la escasez de ventas, mermará su posterior propósito: legitimar el valor artístico de la obra historietística. Acorde con las propuestas críticas de Oscar Masotta plasmadas en su revista Literatura Dibujada, Breccia se pregunta por qué un guion no puede tener la complejidad de una novela, o los recursos técnicos de una viñeta no ser equiparables a los de una obra pictórica. Más ávido de hechos que de respuestas, decidirá enfrentar su peculiar estética, aprendida con tesón en miles de páginas de intenso oficio, con la aureola clasista de las Bellas Artes. ¿Podrá el cómic emular o superar a las artes consagradas? Tan seguro está de la respuesta que escogerá para demostrarlo la vía de la libre adaptación de grandes obras literarias. ¿Por qué? La respuesta es sencilla: ¿acaso hay mayor reto para un dibujante que trascender la belleza de la palabra escrita? Breccia dará forma a la imaginación con una propuesta tan revolucionaria que inaugurará la historieta moderna.

De este modo, elaborará junto a su yerno Norberto Buscaglia una claustrofóbica versión de Informe sobre ciegos de Ernesto Sábato. Sin embargo, el proyecto tardará casi tres décadas en ver la luz por la negativa inicial del escritor ante cualquier mínima modificación de su texto. Sin tiempo para la decepción, durante un viaje en tren de Madrid a Milán, descubrirá en un libro de bolsillo comprado en la estación la obra de Lovecraft. El interés por el escritor de Providence es inmediato. No era un autor demasiado conocido en Argentina, con lo que ayudaría a su difusión. Y la plasticidad y complejidad de las angustiosas imágenes literarias eran ideales para demostrar la madurez y el carácter resolutivo del cómic.

Serializados en la revista italiana Il mago (salvo el último episodio recopilado, El que susurraba en las tinieblas, publicado en 1979 en la revista argentina El Péndulo), Breccia dará nueve lecciones de maestría que elevan esta obra a la categoría de clásico moderno. En el apartado literario volverá a contar con la ayuda de Buscaglia. El joven guionista comprondrá una serialización fiel al original. Extensos textos de apoyo y casi nula presencia de bocadillos. Es cierto que el tándem argentino trata de mantener el carácter envolvente de la narrativa de Lovecraft, todos relatos en primera persona con la excepción de El horror de Dunwich. Pero ante todo, tratan de presentar ese horror sugerente y obsesivo que se apodera paulatinamente de la mente de los personajes hasta manejarlos a su antojo. Y para ello, cada palabra retratada representa ese mundo invisible y tenebroso que lucha por hacerse tangible.

El contraste con el grafismo es apasionante. Una representación hipernaturalista que, al mismo tiempo que ahonda en esa psicología enferma de los personajes, cambia y se retuerce sobre sí misma hasta alcanzar el delirio surrealista. La existencia se transmuta en un paisaje dantesco donde el terror se materializa en mil formas espeluznantes. Monstruos de otras dimensiones, dioses primigenios, se revelan gracias a la sutileza y energía del trazo inteligente y certero de Breccia. Y para ello, el glosario de técnicas empleadas es de un virtuosismo indiscutible: collages, monotipo, inclusión de fotografías…

Un barroquismo radical que hará de estas las herramientas perfectas para mostrar los ambientes opresivos y misteriosos de una fantasía perversa, de pesadilla. Por esa razón, a medida que Breccia avanza en la obra, lo hará en paralelo su personalidad artística. Los primeros relatos, más cercanos al grafismo experimental de Mort Cinder o El Eternauta, darán lugar a la exposición de la mancha y del rostro expresionista que encontraremos a partir de ahora en su obra y de la que Perramus será su mejor testimonio. La angustia y la locura de un sinfín de almas torturadas son el vehículo idóneo para Breccia. Con ellas supera los límites comerciales de un modelo industrial vacuo, más preocupado de las ventas que de su valor cultural. Con ellas eleva la historieta a unos niveles de sofisticación y calidad jamás sospechados que encumbran su obra como un referente magistral.

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