Fantastic World

Viajando por un mundo familiarmente extraño

poridentidad

Encontrar una voz propia es difícil. Encontrar una voz propia que sea capaz de llegar a la gente, convencer al mercado, netamente conservador, y empujar los límites de lo posible sin limitarse a uno mismo, roza prácticamente lo imposible. Pero eso es lo que hace tan especial al arte. Que incluso en las circunstancias menos propicias, siempre se abre paso para demostrarnos que sigue siendo posible ir más allá de repetir fórmulas contrastadas.

En ese sentido, Ryo Hirano es un artista indiscutible. Conocido como animador y director de animador, nació en 1988 en Kasukabe, en la prefectura de Saitama, y se graduó en el departamento de Diseño e Información de la Universidad de Tama. A partir de ahí empezó a trabajar, sobre todo, en el campo de la animación, haciéndose conocido gracias a sus fabulosos cortos. Un ejemplo originalísimo de diseño de personajes, que bebe tanto de la simplificación del dibujo como del mosaico, su juego con las texturas, siempre cambiantes y de aspecto muy físico, y su soberbia dirección, jugando constantemente con el movimiento de cámara y personajes para dar una permanente sensación de urgencia y velocidad en todo lo que hace.

De hecho, todo esto son los aspectos que más destacan en su primer trabajo de larga distancia: Fantastic World. Una obra en dos tomos que nos trae Héroes de Papel y que, como ya he señalado, no es su primera obra. A fin de cuentas, tendría otras obras cortas publicadas en Eureka, una revista literaria especializada en poesía y crítica literaria que deja espacio, de vez en cuando, para obras más personales y literarias. Algo que puede dar una pista de por dónde van los derroteros de esta personalísima obra de Hirano.

Porque… ¿de qué trata exactamente Fantastic World? De un mundo de fantasía donde seguimos las vivencias de Biko, un niño humano que un día, después de que un extraño cazador intente matarle, conoce a una extraña criatura informe que, tras leer y copiar su código genético, se convierte en una especie de diente antropomórfico al que Biko llamará Dientecín. De ese modo, juntos, Biko y Dientecín saldrán del bosque donde vive Biko, custodiado por una criatura que matará a cualquiera que intente salir del bosque, con una única motivación en mente: descubrir cómo es el mundo fuera de aquel bosque.

Con su particular estilo de personajes, extremadamente expresivos dentro de su canon de trazos simples y formas geométricas, colores muy vividos, con texturas muy marcadas y deformaciones constantes, jugando con el movimiento y la puesta en escena, el manga es una auténtica delicia para los ojos. Una exquisitez que no solo es difícil dejar de leer, porque fluye como sus obras de animación, sino también porque es absolutamente personal. Porque la obra de Hirano no se parece a nada con lo que podamos compararla.

Eso puede jugar, en parte, en su contra. Puede parecer infantil, extraña, poco interesante. Pero quien crea eso solo por ojearla por encima, se estará perdiendo todo lo que contiene. Una historia sencilla pero que aborda profundas críticas sociales y existenciales —desde envenenadas críticas al capitalismo hasta sutiles reflexiones sobre qué significa estar vivo, o duras exposiciones sobre los prejuicios de clase—, adornada con un dibujo espectacular y un sentido del ritmo absolutamente envidiable que lo convierte en uno de los cómics más interesantes, personales y únicos que se han publicado en los últimos años.

En suma, la obra de Hirano es una rareza, una pieza de arte sui generis tanto en el mundo de la animación como en el mundo del cómic. Y lo es porque no rompe con ellas. Sigue teniendo influencias del manga y el anime en la composición, el ritmo y las formas, incluidos algunos de sus tropos, pero es una relación flexible: no intenta imitar lo que hicieron otros antes. Hace algo que se sienta completamente nuevo, aun a costa de que sea más difícil atraer la atención de la gente. Porque Fantastic World, otra cosa no, pero es puro Ryo Hirano. Y Ryo Hirano, por lo que nos ha mostrado, es una persona interesantísima a la que merece la pena seguir de cerca.

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