El perfume del invisible

Las mujeres indomables de Manara y El perfume del invisible

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«El arte no es casto, se debería prohibir a los ignorantes e inocentes […] el arte es peligroso. Si es casto, no es arte».

Pablo Picasso

Los personajes femeninos de Milo Manara parten de la influencia de Crepax y, luego, de Moebius, pero cobran fuerza y personalidad gracias a una vasta cultura clásica: los dibujos de Rafael, la luz de Botticelli… Manara considera maestros a Hugo Pratt y a Fellini; ayudó a mitificarlos con HP y Giuseppe Bergman (1978), un metacómic muy felliniano en el que el álter ego de Manara convierte a Hugo Pratt en «maestro de aventuras». Pero Pratt y Fellini son maestros en un sentido más sentimental que artístico. Ha trabajado con ambos, los admira y ha plasmado en imágenes tanto las fantasías que nunca llevó al cine el director de Rímini como un par de historias que no tuvo tiempo de dibujar el creador de Corto Maltés (1967); sin embargo, Pratt habla de Manara con cariño pero con condescendencia. A propósito de Verano indio (1986), la primera colaboración de ambos, reivindica el erotismo sutil pero turbador de Milton Caniff frente al explícito de Manara, que «tuvo el fallo de tomar como modelo el grafismo de Moebius. No comprendió que él tenía sus propias cualidades»; «Todo el mundo sabe lo que es un pito y lo que es un chichi. Entonces, ¿para qué mostrar un pito entrando en un chichi? […] A Manara le gusta eso»; o «El dibujo de Manara me parece bello en extremo, pero falto de profundidad». Otros le acusan de lo mismo en sus historias. El propio Manara presume del carácter intrascendente de su obra: dice no estar seguro de que el cómic sea un arte, o será «un arte sui géneris, no equiparable al arte figurativo normal». Incluso cuando se refiere a las excepcionales recreaciones de clásicos del arte de Il pittore e la modella (2001, en España, Sensualitars) dice que quería humanizar a los grandes artistas colocando a sus chicas como modelos; una excusa para meter a sus chavalas en pelotas, vamos. Pero pretendo defender la trascendencia de su intrascendencia.

El perfume del invisible (1985) cuenta la historia de un científico que descubre la fórmula de la invisibilidad y se la aplica en el cuerpo sobre una base de caramelo (el «perfume») para poder contemplar a su amada (Beatriz, una bailarina famosa y déspota). Antes de comenzar es descubierto por la asistente de Beatriz, la joven y autosuficiente Miel (a la que llaman así por el sabor dulce de su coño). Muchos amantes de la historieta consideran que este es el mejor cómic erótico de todos los tiempos, ¿por qué?

Manara recoge la tradición del cómic erótico europeo desde los años sesenta y la tradición clásica de representación del desnudo femenino, y da forma, pese a otras influencias, a un estilo reconocible, con mujeres hermosas y carnales, sensuales y autónomas, epicúreas, libidinosas, que protagonizan historias eróticas oníricas y excitantes, con culos exuberantes, ganas de follar y mucha naturalidad.

La obra que le hizo mundialmente famoso fue El clic (1983), sobre una mujer sexualmente insaciable gracias al efecto perturbador de un aparato a distancia que un hombre maneja a su antojo. Una excusa de voyeur para, sin menospreciar la crítica implícita a la hipocresía de la sociedad burguesa, presentar una sucesión de situaciones eróticas absurdas. Aunque excitante, deja dudas sobre el grado de voluntad de la mujer.

El perfume del invisible presenta dos elementos que la hacen preferible: la protagonista, Miel, convertida en un icono erótico desde su aparición, no necesita que la obliguen a practicar el sexo, lo hace por voluntad propia, con total naturalidad. En El clic, el mirón que provocaba las subidas de libido femeninas buscaba identificarse con el lector; aquí, el voyeur es un pobre hombre que quiere espiar a su amada, pero el protagonismo es para la iniciativa, la frescura y la autosuficiencia de Miel. Con ella, las excusas para sacar la parte animal del ser humano en lo relativo al sexo resultan innecesarias, es así de forma natural.

Manara tiene en sus manos la fantasía del voyeur (ver sin ser visto), pero no se centra en ella: ¡eso ya define a cualquier lector de cómic erótico! La fantasía aquí es la personalidad femenina autónoma e interesada por el sexo sin complejos. Por eso es una obra erótica más madura, en la que la protagonista absoluta es una mujer (no el espectador, no un aparato, no el sexo), una mujer independiente.

Sobre la influencia de Fellini, tanto Miel como otros personajes del autor poseen el «furor uterino» de la Volpina de Amarcord (1973) y las historias de ambos se materializan cuando aparece una mujer; pero los argumentos de Manara no son tan existenciales como los del Fellini posneorrealista; y la lubricidad, carnalidad, autonomía e independencia de sus personajes femeninos, tienen mucho más que ver con los de Tinto Brass: ambos despojan a la sexualidad del velo de convencionalismos sociales. La película El hombre que mira (1993), por ejemplo, también es una historia en la que el voyeur pierde su poder ante unas mujeres que, como las de Manara, son fuerzas de la naturaleza que ponen en jaque las estructuras masculinas y la propia masculinidad. Y así como Tinto Brass se acerca a Manara, este recupera el espíritu orgiástico de la película Calígula (1980) en el cómic Los Borgia (2005).

Manara representa el erotismo hasta cierto punto insustancial que es la norma en el cómic erótico, pero que no deja de ser subversivo y de cumplir una función: esa explosión de nuestra animalidad.

Resulta chocante que se tilde a Manara de machista. Es cierto que apuesta por el erotismo y que su visión puede ser más masculina que femenina (es un hombre), pero parece que la crítica procede del debate, ya superado, de si la pornografía puede ser feminista o no. Aunque Manara no hace pornografía, sino erotismo más o menos explícito (como Tinto Brass). Sea como fuere, creo que Milo Manara es feminista.

En el cómic de Alison Bechdel Unas bollos de cuidado (1985), una de las protagonistas dice que no va a ver películas que no cumplan los siguientes requisitos: 1. Que salgan al menos dos personajes femeninos; 2. Que dichos personajes se hablen en algún momento; 3. Que dicha conversación no trate sobre hombres (no limitado a relaciones románticas). Algunos proponen otro: que los personajes femeninos tengan nombre. Como curiosidad, El perfume del invisible pasa el test de Bechdel. Esto no prueba nada, pero se utiliza para evaluar brechas de género.

Los personajes femeninos de Manara no son partenaires de un héroe masculino, ni representan la versión femenina de un héroe masculino (como Batgirl), son mujeres fuertes, con carácter y cualidades propias. Si el feminismo propugna que la mujer no esté en segundo plano o que no tenga poca presencia, si se identifica lo feminista con la igualdad y la emancipación, los personajes de Manara lo cumplen sobradamente. Si se trata de establecer las relaciones de poder entre hombres y mujeres, el poder lo tienen las mujeres. Si se trata del concepto general de la realidad, no existe una visión androcéntrica pero quizá sí masculina: ¿es eso machista? Me resisto a creerlo. El machismo niega el papel de la mujer como sujeto y promueve su negación; en lo sexual, promociona la inferioridad de la sexualidad femenina como sujeto pasivo o la negación del deseo femenino. A Milo Manara no creo que se le pueda acusar de machismo. Sobre si Manara excluye los deseos y las fantasías de las mujeres, habría que hacer una encuesta entre las mujeres.

Que la violencia sexual (presente en los cómics de Manara) y la pornografía se consideren formas de «sadismo cultural» que alimentan el dominio sexual de los hombres sobre las mujeres, es una visión del feminismo de los ochenta ya superada. El feminismo defiende ahora, en primer lugar, el respeto a las diferentes formas de entenderlo, y que la lucha contra la violencia incluya la lucha por ampliar las cotas de placer y libertad sexual de las mujeres y de las minorías sexuales, huyendo de los presupuestos más coitocéntricos y heterosexistas, pero con espacio para la fantasía.

Y en lo referente a fantasías eróticas, Manara rompe tabúes, hace frente al poder con una sexualidad femenina agresiva y emancipatoria, se entrega a la diversión, a los juegos, a la sátira, a la ironía… no hay que perder de vista el sentido del humor, un humor excéntrico y rebelde que en sí mismo es transgresor. De esas pequeñas transgresiones surgen las actitudes revolucionarias que cuestionan el orden establecido, también en temas de género.

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