Bigfoot

Los peligros del bosque

Bigfoot

En un bar de carretera en las proximidades de un bosque se cruzan las vidas de tres adolescentes, que compran cervezas para pasar el día en el campo, y la de una expareja que viene de visita al mismo paraje natural. Como otros muchos, van en busca del primer bigfoot español que parece haber sido avistado en ese bosque. Todos ellos también se encontrarán con el dueño del bar, un tipo peculiar con un pasado de experiencias paranormales. Unos protagonistas sin mucho en común y que la casualidad de la aparición del bigfoot reúne en el mismo lugar en unas circunstancias insospechadas.

Pau Valls (Alcoi, 1985) hace su historieta más larga como autor completo en Bigfoot, al menos hasta el momento. Lo que en los noventa habría sido todo un comic book de grapas con una historia completa en su interior. Un formato seguramente similar al del fanzine al que en principio estaba destinada, pero que la pandemia y el confinamiento, que acabaron con todo evento previsto del pasado 2020, transformaron a la fuerza en una publicación digital autoeditada por el propio autor. Por otro lado, el confinamiento ha servido para que esta historieta iniciada en 2017 se viese por fin completada y nos ayudase a evadirnos un rato durante aquellos días de reclusión forzada.

Valls domina el relato corto, como ha demostrado en las historietas que se han podido leer en fanzines como Colorcarne o Saxifono o revistas infantiles como Petit Sapiens (lástima que sus dos álbumes infantiles para el mercado francés, con guiones de Chris Stygryt, sigan inéditos en castellano). En este tipo de historias, la definición de personajes ha de ser directa y al pie, no da tiempo a darle la profundidad de formatos más largos. Y, sin embargo, Valls es capaz de definirlos perfectamente colocando los detalles justos, los gestos adecuados y unas conversaciones bien medidas que permiten crear un perfil perfectamente preciso para cada personaje. Todos los que aparecen en Bigfoot quedan perfectamente dibujados en el escaso espacio de la historieta, y sus trasfondos quedan claros en la imaginación del lector sin necesidad de que Valls los haga muy explícitos. Una habilidad que tiene Valls y que hace que sus historietas funcionen como un reloj. Otra es la de sacar lo mejor de recursos narrativos clásicos, tan canónicos como el MacGuffin de Hitchcock o el arma de Chejov; Valls te los pone en las narices de forma tan natural y luego es capaz de darle un giro final que sorprende y deja con una sonrisa al lector.

Cruce de caminos de varios personajes en una salida dominical a
un bosque que guarda un misterio

Aquí lo hace con una historia llena de ironía y guiños. Un homenaje a las series y películas con protagonistas adolescentes y misterios paranormales. El bigfoot del título es un secundario que sirve para que Valls le dé una vuelta a ese tipo de historias, usando un estilo tan de película noventera, que sitúa en España, una localización que lo es más por referencia que por apariencia. Un entorno que podría ser rural pero que es más una naturaleza postindustrial, más de extrarradio que del típico pueblo tradicional de postal. En ese fondo teje una ironía sobre lo paranormal en un mundo donde la saturación de medios y turistas hace que los paisajes remotos con extraños fenómenos sean casi imposibles, nadie se puede perder ya en un bosque lleno de merenderos para domingueros. Y aun así surge la leyenda en plena era de la información, con protagonistas muy lejos de toda heroicidad. Una ironía que recuerda a la que utilizó Sergio Aragonés para parodiar al Proyecto de la Bruja de Blair. En estas pocas páginas además tiene tiempo de plantear un triángulo amoroso entre adolescentes, una relación de expareja y algún misterio alienígena. No caben más cosas en treinta y dos páginas.

Si el tono y el formato recuerdan a los noventa del siglo pasado, el estilo gráfico no podía ser menos. Una línea clara amable que recuerda a la clásica que siempre nos lleva a la raíz del cómic francobelga, pero que quizás se pueda definir ya desde una perspectiva más autóctona, desde la escuela valenciana, con autores como Mique Bertrán o Calo, un estilo de línea clara que vemos evolucionar en autores como Juan Berrio, Chema García, Alexis Nolla, Jaume Pallardó, Sergi Puyol, Martín Romero… cada uno con su propia personalidad pero con un fondo común que figura un continuo en el cómic independiente patrio. Un estilo que Valls cruza también con la línea clara del cómic independiente norteamericano de los noventa, como Daniel Clowes. Un parecido que queda reforzado por el uso de un bitono azul que irremediablemente recuerda al que el autor norteamericano utilizó en Ghost World.

Bigfoot es una historieta con tema en apariencia fantástico llena de detalles que la convierten en una golosina de múltiples lecturas. Ojalá las circunstancias permitan su existencia en papel y que Valls siga creando historietas tan redondas.

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