Box. Hay algo dentro de la caja

Un rompecabezas en forma de manga

El misterio es un elemento que ha acompañado a la humanidad desde sus más remotos orígenes. Una útil herramienta a la hora de esquivar preguntas insondables para nuestro entendimiento. Nos ha servido también para prevenir- nos sobre males y peligros inexplicables. En su esencia más básica, el misterio suele adoptar una forma sencilla y cotidiana. Tan sencilla como una caja, un espacio limitado —al menos a primera vista— que puede albergar cualquier cosa entre sus paredes, favoreciendo así todo tipo de posibilidades, colindantes con infinitas paradojas y rompecabezas.

Esto nos propone precisamente una de las obras más interesantes que se han publicado recientemente en nuestro país: Box. Hay algo dentro de la caja, de Daijirō Morohoshi. Una historia formulada en clave de «escape room metafísica» con la que Satori Ediciones ha presentado por primera vez en España a uno de los autores de culto del cómic de terror japonés. Morohoshi pertenece a una generación de mangakas que a mediados de los años sesenta empezaron a desarrollar historias destinadas a un público adulto. El llamado manga gekiga —equivalente y paralelo al concepto de novela gráfica aparecido en Estados Unidos por la misma época— planteaba todo un sinfín de posibilidades para los creadores. En concreto, el género de terror cobró impulso gracias a publicaciones de corte underground en las que autores como Suehiro Maruo, Hideshi Hino y el propio Morohoshi hicieron carrera, siguiendo la estela de los pioneros y terroríficos universos de Kazuo Umezz y Shigeru Mizuki.

En este contexto, Morohoshi aparece en escena en 1970 en las páginas de la revista COM. Esta publicación, fundada en 1967 por el célebre Osamu Tezuka, estaba destinada —según rezaba en su cabecera— a satisfacer los gustos de «la élite manga». En ella fueron habituales los trabajos de auténticos colosos del manga como Shōtarō Ishinomori, Fumiko Okada y Leiji Matsumoto, entre otros muchos. El propio Tezuka publicó en ella las primeras entregas de Fénix. Todo parecía ir viento en popa, pero, solo un par de años después del debut de Morohoshi en esta revista, Tezuka tuvo que afrontar el cierre de la misma. El Dios del Manga había perdido la partida frente a la alternativa revista Garo.

Morohoshi se repuso de este contra- tiempo dando forma a su creación más conocida: Yōkai Hunter. Las aventuras del profesor de arqueología sobrenatural Reijirō Hieda han sido una constante en la carrera de un autor entregado al terror en sus más diversas variantes, alumbrando historias que combinan elementos propios del folclore nipón con otros afines a la mitología cthulhiana. Mud Men, El mito oscuro, La princesa del melón y el demonio Amanjaku, Shiori y Shimiko y la presente Box. Hay algo dentro en la caja son la muestra del talento de un mangaka desconocido en Occidente, pero referente indispensable para muchos de sus compañeros de profesión.

Una «escape room metafísica» que supone la carta de presentación de Daijirō Morohoshi en España

Es por ello que resulta tan importante que Satori nos haya facilitado la iniciación a la macabra mente de Morohoshi. Y lo ha hecho con una obra cuyo planteamiento resulta tan simple como magnético. Box es un trabajo relativamente reciente, serializado entre 2015 y 2016 en la revista Monthly Morning Two, de Kōdansha. Su premisa podría pertenecer a una película slasher del montón, con un grupo de ocho desconocidos atrapados dentro una misteriosa construcción en forma de cubo. No hay nada que aparentemente los relacione salvo la curiosidad: un par de jóvenes estudiantes con vidas anodinas, una extraña chica que dice poseer cierta «percepción espiritual», un arquitecto, un profesor de secundaria, una entrañable pareja de ancianos y una misteriosa mujer llamada Kyōko.

El problema en este caso no es averiguar qué hay dentro de la caja, sino poder escapar de ella sorteando los múltiples peligros y rompecabezas que saldrán al paso de nuestros protagonistas. Morohoshi imprime un ritmo endiablado a la acción mientras plantea —a los personajes y al mismo lector— todo tipo de retos en forma de laberintos, crucigramas, pasatiempos, ilusiones ópticas, etcétera. El terror va evolucionando hacia lo metafísico y existencialista, tanteando solapadamente cuestiones sociales como la identidad de género, la gerontofobia y el conflicto generacional. Las reglas son cambiantes y la única manera de avanzar es resolver el siguiente rompecabezas, lo que lleva inexorablemente a dar un paso más hacia un «ente» innombrable e informe que mora en las profundidades de la caja a la espera de ser alimentado.

Es a nivel gráfico donde Morohoshi nos puede pillar más desprevenidos, con un dibujo tosco y desgarrado que configura una atmósfera realmente enrarecida de la que florecen tensiones, ansiedades y miedos primigenios. Su trazo alienta una lectura ágil y rápida, vehiculada a través de una interesante deconstrucción de espacios y sombras que parecen cobrar vida al pasar la página. Box es una experiencia perturbadora y fascinante, nada fácil de describir. Puede que cuando te adentres en ella te atraiga por su historia de supervivencia, puede que lo haga por su alegoría social o por su filosofía lovecraftiana. Ese misterio solo puedes afrontarlo tú mismo. ¿Te atreverás a abrir la caja?

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