Tótem

Sombreando los beneficios de la duda

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Está claro que a Laura Pérez (Valencia, 1983) le gusta el misterio no como género, sino como una de esas preguntas que a pesar de no tener una respuesta positiva o concreta no dejan de insistir en nuestra mente para ser respondidas, convirtiéndose así en misterios. En concreto, en Tótem estas cuestiones giran alrededor de la muerte, de la ausencia de personas que antes es- tuvieron vivas y compartieron con nosotros tiempo de vida. ¿Qué es la muerte? ¿A dónde vamos al morir?

Laura Pérez proviene del campo de la ilustración y, de hecho, es su principal modus vivendi. Sus páginas son bonitas y armónicas. Incluye ilustraciones a toda página o secuencias mudas o casi mudas que podrían recortarse y enmarcarse para colgar en una pared. Su uso del color, pero también del blanco y negro, es estéticamente agradable y sus páginas presentan una coherencia cromática muy atractiva. Sus viñetas están sin recuadrar, muestran unas esquinas redondeadas y los carriles son muy estrechos. Entre tanto placer estético la autora logra colar algunos elementos inquietantes y misteriosos, pero de manera sutil y mínima. La inquietud y la extrañeza no se exponen demasiado visualmente en Tótem, sino que circulan en lo que no se dice, en lo que aparece medio dicho, o sobre lo que se guarda un silencio lleno de ruido. Su novela gráfica de debut como autora completa, Ocultos (Astiberri, 2019), era visualmente mucho más inquietante. Ahora, Pérez ha optado por un perfil bajo de la extrañeza y lo raro en sus viñetas.

Tótem puede leerse como un ir más allá de lo planteado en Ocultos. Si aquel tenía un formato apaisado, este tiene un formato vertical. Si aquel eran historias sueltas embastadas por un hilo débil, este es una historia mucho más hilada. Si en aquel proliferaban los diálogos, en este son mínimos, y la narración es eminentemente visual. Siguen teniendo unos mismos rasgos temáticos y un mismo imaginario gráfico y sigue habiendo una densidad narrativa ligera. También recurren a diversas historias unidas entre sí por enlaces débiles. Tótem supone un paso adelante en la configuración de Laura Pérez como historietista.

En una entrevista, la dibujante valenciana habla de la banda sonora que escuchaba mientras dibujaba, y que la conectaba emocionalmente con lo que sentía y pretendía plasmar en Tótem. Björk, The Cure, James Holden, Sébastien Tellier, Boards of Canada o Almunia. Este cómic pretende más bien despertar sentimientos que no aportar informaciones. Las escenas de Tótem van a buscar la emoción en el lector. Unas emociones que tienen que ver con la curiosidad que nos crea el misterio. El atractivo de lo paranormal, de lo no-racional. No se trata de miedo, ni de espanto, sino de aquello que, aun sin poder ser dicho, lo inefable, necesitamos expresarlo de cualquier manera. En Ocultos un personaje confiesa «Parece que a nuestro mundo le faltan palabras para acercarse a todo lo que parece inexplicable».

En Tótem encontramos un cadáver en un bosque, hay una pareja de chicas que viajan por el desierto y participan de un ritual, hay un pueblo con una médium a la que visitan sus habitantes para saber dónde están aquellos que se fueron cuando se les cumplió su tiempo, hay una niña que visita la tumba de otra en el cementerio, y hay un cuervo muerto. Y entre todos estos elementos hay vínculos subterráneos que el lector intuye, crea o inventa. A veces comparten re- cuerdos, otras veces todos están mirando la luna o contactan al poner diferentes planos de la realidad en contacto. El éxito de Tótem descansa sobre dos patas: sobre la excelente factura gráfica y sobre el hecho de que estos vasos comunicantes que sugiere el cómic no sean aleatorios, sino que vengan sugeridos por los elementos que Pérez pone en juego en sus viñetas. Pérez trabaja muy bien la escena, pero lo que le da vuelo y solidez a su obra es la concatenación de las escenas.

Esta indagación de lo raro, de lo extraño, de lo que escapa a la norma en la que está embarcada Laura Pérez tiene como territorios el bosque, el desierto; esto es, la naturaleza. Pero causa curiosidad que la ciudad, la gran urbe y el espacio urbano no aparezcan; cuando son territorios en los que la ficción de la extrañeza de escritoras contemporáneas, como Mariana Enríquez o Samanta Schweblin, sí ha buscado acomodo geográfico. El espacio por antonomasia en que aparece lo extraño es en el ámbito doméstico. Los personajes de Tótem, que son casi exclusivamente mujeres, encuentran asombro en el dormitorio y en los otros cuartos del hogar. Además, no es que en estas estancias aparezcan elementos anómalos o que invaden la cotidianidad, sino que, más bien, es en ellos donde la ausencia de algo se hace presente. Lo raro no es lo que está, sino lo que no aparece.

Hace ya nueve años que murió el historietista belga Didier Comès, y sus cómics están hoy en día descatalogados en nuestro país. Un título como Tótem seguro que sería de su interés, ya que ambos comparten una querencia por lo mitológico, lo orgánico, lo telúrico, la naturaleza y el misterio. Sin duda hallarlo al lado de títulos como La Belette o Silencio en la comicoteca de cualquier lector también sería de su agrado.

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