Arte

Unas pinceladas de feminismo

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Tenemos muy interiorizada socialmente esa premisa que asevera que «la excepción confirma la regla». Pero lo cierto es que si la regla no niega la excepción y se puede verificar mediante el estudio y la observación estamos incurriendo en una falacia. En esos términos se expresó en 1965 el físico teórico estadounidense y Premio Nobel de Física, Richard Feynman. Lo hizo en una de sus conferencias en el Instituto de Tecnología de California, donde aseguró que «la excepción confirma que la regla es mentira». Y si lo pensamos bien, más allá del mundo de la física y las matemáticas, esto también se puede aplicar en cualquier otro campo, incluido el de la disciplina histórica que —como es sabido— siempre ha estado en manos de los vencedores y ha negado —en gran medida— la excepción.

Haciendo un somero repaso al papel de la mujer en el devenir histórico a lo largo de los siglos queda clara la invisibilización a la que esta ha sido historia ha sido un único, homogéneo y masculino punto de vista sobre realidades pasadas hasta muy recientemente. Y si hablamos de historias, en plural, las que definen el pensamiento y la cultura popular a través del arte, veremos que pocas obras clásicas contaban con la mujer en la ecuación. Pero esto está cambiando, y en las últimas décadas se han empezado a producir productos que se molestan en acercarse al público femenino y a su realidad. Esto ha alimentado un cambio de perspectiva y la aparición de historias desde enfoques que antes eran ignorados y/o desconocidos.

Este fenómeno también está tomando al asalto el mundo del cómic. Dando la vuelta a los arquetipos de toda la vida, apostando por nuevas creaciones y dando voz a una nueva generación de autoras con sus propios problemas e ideas. En este punto, el cómic japonés lleva algunas décadas de ventaja, ya que sus autoras siempre han tenido un espacio —habitualmente bajo la categoría shōjo— en el que contar sus historias, al contrario de lo que ha ocurrido tradicionalmente con el cómic americano y europeo. Pero aun así, el manga también ha dado un paso adelante en los últimos años con propuestas más incisivas, críticas y personales.

En relación a esto último, y ligando todo ello con esa negación por parte de la disciplina histórica de la excepción que comentábamos al principio, Arte, de Kei Ohkubo, resulta ser uno de los mangas más estimulantes y sorprendentes de los que se han publicado recientemente en nuestro país. Esta obra asume no pocos e interesantes riesgos en su concepción. El primero de ellos, y más notorio, es el hecho de que su autora sitúa la acción en una época y cultura tan alejada del radio japonés como la Florencia renacentista del siglo XVI. Además, lo hace con una protagonista cuyo nombre da título al mismo tiempo a la obra y que representa una atractiva excepción histórica.

Arte es una joven de origen noble perteneciente a una familia empobrecida y cuya principal afición es la pintura y el dibujo. Su sueño es dedicarse profesionalmente a esta disciplina y aprender de los grandes maestros, pero su condición de mujer supone un obstáculo para ello, ya que este es un oficio que se considera en manos de hombres. Pero después de la muerte de su padre, su principal benefactor, y ante la insistencia de su madre de casarla y obligarla a dedicar su vida a su esposo y sus futuros hijos, Arte escapa del hogar familiar para acabar convirtiéndose en aprendiz en el taller de un joven pintor llamado Leo.

Esta sinopsis podría darnos a entender erróneamente que estamos ante una mera historia de autosuperación como tantas hemos leído en el cómic japonés. Pero la recreación histórica de esta obra, su fresco punto de vista y el calado feminista que atesoran sus páginas la hacen prácticamente una propuesta única en su especie. La manera en la que su personaje protagonista pone sobre la mesa diversas cuestiones de género nos invita a reflexionar desde el pasado hasta nuestro presente y a establecer paralelismos con el manga, el oficio de mangaka y el papel de la mujer en el medio en la actualidad.

En lo relativo al rigor histórico, Ohkubo realiza una cuidada ambientación que nos adentra en las calles de Florencia, moviéndonos desde los opulentos palacios de la nobleza al interior de los talleres y gremios artísticos por los que se mueve su protagonista buscando el respeto de los que considera son (o deberían ser) sus iguales. Además, Arte realiza un acercamiento realmente divulgativo y didáctico sobre el trabajo, los utensilios y técnicas de los artistas renacentistas. Tanto como el que hace respecto a la misoginia y machismo propia de la época y las circunstancias de la mujer en la misma, planteando en clave de «ficción herstórica» cuestiones aún vigentes en el mundo contemporáneo.

Por suerte, propuestas como Arte demuestran que algo está cambiando en la actualidad y cada día somos más conscientes y empáticos con situaciones y realidades que no son las nuestras. Hoy, aunque sea a base de unas pocas pinceladas feministas, tenemos un futuro por delante para reflexionar sobre nuestro pasado y construir un presente más prometedor. En este contexto, las viñetas no deben ser la excepción, pero sí pueden ser parte de la nueva regla que construyamos juntos.

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