Mata Hari

Génesis

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Pero la continuidad de la desproporción, aun con un aumento considerable de autoras y de lectoras, nos hace pensar en un arraigo más profundo del problema, quizás en relación directa con la necesidad de un nuevo lenguaje.

Marika Vila

Isla de Nabumbu continúa con su rescate de aquellos referentes de nuestra historieta que, ahogados por un sinfín de circunstancias adversas ajenas a su calidad, no lograron pervivir en el tiempo y ser reconocidos como clásicos. Primero fue la recuperación de Rafael Auraleón, abanderado en el empleo de modelos de cultura popular para reflejar el lirismo de su alma torturada. Ahora es el turno de Marika Vila, voz precursora del discurso feminista en nuestra historieta. Volcada desde los setenta en trabajos de historieta e ilustración para Selecciones Ilustradas, forma parte por derecho propio de la hornada más talentosa y renovadora de nuestro cómic. Carlos Giménez, Alfonso Font, Fernando Fernández, Josep Mª. Beá, Pepe González o Luis García, entre otros, se convierten en bastiones de un nuevo modo de concebir la historieta auspiciado bajo la bandera del llamado cómic de autor. Libertad creativa, ruptura con los estereotipos tradicionales, experimentación gráfica, son algunas de sus señas de identidad. Sin embargo, las reivindicaciones feministas de autoras contemporáneas como Mariel Soria, Montse Clavé, Isa Feu o la misma Marika, quedaron arrinconadas en un segundo plano. Más allá de tener que demostrar constantemente su valía en un medio que las invisibiliza, esta generación de autoras pioneras tratará ante todo de alejarse de los estereotipos masculinos. Y es ese ámbito de acción donde una obra como Mata Hari adquiere un valor diferencial que servirá de punto de inflexión y referente para la obra tan personal de autoras posteriores como Laura Pérez Vernetti o Ana Miralles.

Margaretha Zelle, la famosa espía, alcanzó tras su ejecución la categoría de mito. Sin embargo, su figura se ha erigido desde una visión estereotípica: belleza cautivadora, inteligencia embriagadora, sagacidad frívola; en suma, la femme fatale que seduce y manipula a su antojo al héroe cautivado. En cambio, poca controversia se ha generado en torno a su fusilamiento sin pruebas o al maltrato que sufrió durante su matrimonio. La Mata Hari histórica huyó de la vida sumisa a la que la encadenaron. Musa erótica, prostituta de lujo, espía, únicamente son los rostros de una mujer que se enfrentó a su tiempo para alcanzar la libertad. Por esa razón Marika plantea su revisión de Mata Hari como la de un acto de justicia que tratará de desligar a su personaje de esa visión masculinizada y misógina asumida como cierta. Para ello, su construcción es paulatina. Primero, valiéndose de dos relatos breves de corte más intimista escritos por Felipe H. Cava, en los que plantea la personalidad enigmática y seductora de una protagonista indiferente a los convencionalismos (lo moral de lo inmoral, el bien del mal o la vida de la muerte). Y luego, apropiándose junto a Andreu Martín del vehículo de la aventura. Y será en ese marco épico, en esos peligrosos juegos de enredo en clave política que convirtieron a Mata Hari en el símbolo que es hoy, donde los autores terminarán de componer a una Margaretha compleja y libre de ataduras.

Mata Hari pasa así de mero objeto de deseo a sujeto activo de un relato que realza su valor como mujer independiente y decidida. Una voz que conforma la de cientos de mujeres arrastradas al olvido por la historia oficial, y una imagen que se alejará de la típica instrumentalización del cuerpo femenino tan común en el cómic «adulto». En el mismo, mujeres de pechos exuberantes y sexualidad explosiva son el torpe intento de protesta contra la represión puritana de una sociedad como la España de la Transición. Marika realzará el atractivo de Mata Hari alrededor de una composición de corte modernista, elegante y colorida, donde belleza y deformidad son extremos en justa convivencia. Así, la belleza de Mata Hari es fruto de una pasión y un vitalismo pegadizos; y la deformidad caricaturesca de personajes como Rowlings, consecuencia de su ambición y mala fe. Con este gesto tan sencillo el atractivo de la mujer deja de ser el principal elemento que la defina y se convierte en un elemento más subordinado a su forma de ser liberada e inconformista. De igual modo, su ámbito de acción no queda resumido al de comparsa. Controla sus actos y dirige de forma vedada la de los otros. El héroe romántico queda reducido al absurdo ante una Mata Hari, la de Marika, que no posee un corazón frágil e inaccesible al amor, sino que es una mujer entregada ávida de labrar su propio camino, sea cuál sea el sacrificio.

En definitiva, un proceso de definición moderno y renovador que hará germinar la voz femenina y feminista de nuestra historieta. Sin la transgresión iniciada ayer por Marika, no podríamos entender la presencia hoy de una generación de autoras dotadas de un extraordinario conocimiento del medio y de una voz personal. Laura Pérez, María Colino, Ana Penyas, Emma Ríos o Raquel Lagartos, por citar algunas de las más relevantes, construirán una nueva subjetividad alejada de los tópicos de antaño y orientada hacia la creación de un nuevo discurso pleno de identidad.

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