Príncipe Valiente

La vida de un hombre que fue caballero del rey Arturo

PV 2019 Portada

Harold Hal Foster (Halifax, Canadá, 1892 – Florida, Estados Unidos, 1982) fue el primer dibujante de Tarzán de los monos (legendario personaje creado por el escritor Edgar Rice Burroughs). La serie comenzó a publicarse en 1929 a diario, en blanco y negro y en forma de tira o comic strip, en varios periódicos norteamericanos. A Foster no se le permitía influir sobre el argumento y, después de ocho años, sintiéndose cansado del carácter infantil de los guiones a los que le tocaba poner imágenes, ideó su propia historieta: Príncipe Valiente.

Esta serie comenzó con el formato de página y con periodicidad semanal. El autor pretendió que así fuera a diferencia de la mayoría de los cómics que entonces se publicaban como tira y a diario para poder dedicar más tiempo a su elaboración. Los primeros años invertiría, de forma regular, sesenta y cinco horas semanales. Hasta principios de los años cincuenta, menos el rotulado de los textos, él lo hacía todo. Según Foster: «Un verdadero dibujante necesita de talento literario, de una profunda formación artística y de amor por su trabajo». El perfeccionismo en su trabajo creó escuela.

King Features Syndicate, una agencia de noticias del grupo Hearst que distribuía cómics, pasatiempos y columnas de opinión para miles de periódicos de todo el mundo, compró la idea de Foster. En un principio, el personaje se iba a situar históricamente en medio de las cruzadas, pero su autor entendió que de ese modo estaría limitando su desarrollo. Le pareció mejor relacionarlo con las leyendas de rey Arturo y sus caballeros de la tabla redonda.

Hal Foster había sido un joven que muy pronto se enamoró de la aventura: «La navegación siempre me confirmó que el mundo es redondo y los lugares lejanos existen: Penang, Mandalay, Zanzíbar y el remoto Catay. Quizás haya más verdad en las palabras de Simbad que en la Enciclopedia Británica». Cuando tenía veintidós años se lanzó —sin éxito— a buscar oro en la bahía del Hudson y en el lago Winipeg, en Canadá.

Las aventuras del Príncipe Valiente, «Val», comienzan cuando Aguar, su padre, el rey de las brumosas y frías tierras de Thule, acaba de ser destronado. El monarca, su familia y sus súbditos más cercanos han tenido que huir y refugiarse en las pantanosas tierras del norte de Bretaña. Las primeras páginas, las que Foster dibujó durante los dos primeros años, cuentan las correrías del joven hijo del rey. En una de ellas conoce a una bella y enigmática bruja que le pronostica una vida llena de desgracias. Dejándose llevar por su carácter vital e impulsivo, pero sobre todo tomando las riendas de
su futuro, el príncipe decide dejar a los suyos y marcharse solo en busca de otra vida. Es curioso comprobar que el comienzo de la vida de aventuras de este personaje de cómic es muy parecido al arranque que tuvo la de Corto Maltés. El marinero más famoso de la historial del tebeo, héroe creado por el dibujante italiano Hugo Pratt, deja que una amiga de su madre, gitana como ella, le lea la mano. La quiromántica se lleva la sorpresa de que Corto Maltés no tiene líneas de la mano. Entonces el marinero coge una cuchilla y cortándose se diseña una larga línea de la vida. Ambos, el príncipe
Valiente y Corto Maltés, se hacen con su gesto dueños de su destino poniendo en cuestión los pronósticos de sus respectivas y agoreras brujas. Corto Maltés se embarca y parte rumbo a los mares del sur. El Príncipe Valiente se marcha a Camelot donde comienza de escudero y termina siendo ascendido a caballero de la Tabla Redonda del rey Arturo.

Foster tomó algunas ideas de las leyendas artúricas y varios de sus personajes (sir Lancelot, sir Gawain…), pero no copió sus argumentos. Lo más relevante de los guiones de Príncipe Valiente es la personalidad y la verosimilitud del protagonista. Foster nos relata, además de las guerras y las batallas propias de la edad media, las cosas que le pasan a Val en su vida diaria. Algunas son dignas de un caballero de la corte del rey Arturo y otras, más humanas, no lo son. Pero, en el segundo caso, son propias de alguien de carne y hueso. Val, de la mano de Foster, es héroe y hombre. Este es el principal secreto de por qué el Príncipe Valiente cae bien al lector. Es fácil para cualquiera identificarse con el protagonista de estas aventuras. Val es impulsivo, amante de la buena vida, valiente, líder. Le gusta el combate, la caza, la pesca y las bromas exageradas. Val es como somos o como querríamos ser cualquiera de nosotros. Su amigo Boltar, refiriéndose a la juventud de Val, dice de él: «Nunca existió un chaval como él. Era capaz de beber como un hombre, luchar como un demonio y cantar como un ángel».

Nadie cuestiona la calidad de las ilustraciones de Hal Foster en Príncipe Valiente, pero dicha excelencia ha eclipsado el reconocimiento de la excelencia del texto, algo que sería injusto no destacar.

Algunos ejemplos citados en Fostery Val, la obra del estudioso Manuel Caldas (editorial Dolmen):

En la muerte de la madre: «Contempla el rostro inmóvil de la madre, tan acostumbrado a la luz del sol y a la alegría. El frío y la niebla silenciaron sus canciones para siempre».

Val lucha en solitario contra cincuenta vikingos sobre el puente de Dundorm: «Muchas veces se alza y abate la terrible espada que centellea, húmeda, a la luz del sol. Y por encima del bramido de las aguas y del chocar de las armas se escucha el sonoro grito de guerra de Val».

Su ordenación como caballero: «Aún queda hoy algo por hacer. De rodillas —dice Arturo mientras saca la afilada Excalibur de su vaina repujada y toca el hombro del muchacho sucio de humo—. Alzaos, sir Valiente, príncipe y caballero de la Mesa Redonda».

En África: «Un mundo de contrastes: los hijos de las heladas tierras del norte reman en un barco vikingo a través de una selva vaporosa y rebosante de fiebres. Dragones hediondos se retuercen en las orillas de tierra y fango, mientras en el cielo planean aves espléndidas. Monstruos acuáticos entre nenúfares perfumados. Belleza y horror por doquier».

Foster terminó en 1980 la última página de Príncipe Valiente. Tenía ochenta y siete años y habían pasado cuarenta y tres desde el comienzo de la serie. A partir de ese momento John Cullen Murphy pasó a ser responsable absoluto del dibujo. Foster sugirió finalizar la historia con una gran batalla en la que muriesen todos los personajes, pero no se le hizo caso.

Mark Schultz y Thomas Yeates son en la actualidad los encargados de que las aventuras del Principe Valiente se sigan publicando semanalmente en varios periódicos norteamericanos.

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