Beastars

Qué dientes tan grandes tienes

bearstar

La verdad es que existen pocas series seinen manga debutantes que hayan impactado tanto a la crítica europea, norteamericana y española como esta Beastars de la mangaka Paru Itagaki. Pero no es para menos. En Japón ha cosechado varios premios en 2018, como el de Nuevo Creador del Premio Cultural Osamu Tezuka, el Premio Kodansha 2018 al mejor manga japonés en curso y el New Face Award en el Japan Media Arts Festival Awards. La serie también se ha convertido en el gran éxito de la Weekly Shônen Champion, la revista que publica la editorial Akita Shônen donde han militado clásicos del cómic japonés como Tezuka o Go Nagai, con más de un millón de copias impresas en abril de 2018, siete números publicados en Japón, y el anuncio reciente de Viz Media, que ha licenciado el manga para su versión en anime. Existen muchos factores para su éxito popular entre jóvenes y adultos.

Beastars es una fábula antropomórfica, donde todos sus protagonistas son animales de diversas especies que conviven en un mundo muy parecido al nuestro. Como en la bande dessinée de ADN español Blacksad (2000-2013), de Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido, o la película de Disney Zootrópolis (Byron Howard y Rich Moore, 2016), uno de los hilos argumentales importantes de Beastars es el misterio: en este caso la obra comienza con el asesinato de una alpaca en un colegio mayor de élite donde estudian carnívoros y herbívoros. Pero también es importante el componente romántico juvenil que, al tratarse de animales, contiene un alto componente furry fandom, famoso en la subcultura artística comiquera con páginas y páginas dedicadas a animales antropomórficos en páginas webs como DeviantArt, Pinterest o Tumblr. La verdad es que Beastars se olvida pronto de su premisa misteriosa para indagar en la relación romántica, imposible para nosotros pero no para el mundo tan genuinamente real que ha diseñado Itagaki, entre Legoshi, el lobo gris protagonista, y Haru, una conejita enana blanca.

La principal diferencia literaria entre Blacksad y Beastars es que esta última obra está más interesada en rediseñar e indagar en un mundo habitado por animales carnívoros y herbívoros y las relaciones entre ellos. En ese punto está más cercana a la película Zootopia, o Zootrópolis, como se tituló en España, pero bastante alejado de su dulzura blanca de Disney para todos los públicos. Itagaki no tiene miedo a enfangarse hasta donde haga falta para diseñar un mundo imposible, donde los carnívoros parecen convivir en paz con los herbívoros, negando gran parte de sus instintos depredadores. Pero esa relativa buena educación urbana y entendimiento animal esconde una gran farsa que la autora nos va descubriendo tomo a tomo, cuatro publicados en 2018 por Milky Way Ediciones. Los carnívoros suelen caer muchas veces en sus bajos instintos, alejándose de la consumición de proteína artificial que consumen habitualmente. Utilizan sangre de herbívoros para excitarse como si fuera droga o tienen un mercado negro donde se vende carne de animal muerto. Una de las escenas más horribles que he leído el año pasado está presente en este manga. Herbívoros sintecho y marginados, acampados a las puertas del mercado negro, que venden un bocado a uno de sus dedos a los carnívoros que visitan ese macabro lugar. Y jóvenes caninos y felinos juntando dinero en un cajero para hacerse con ese preciado manjar. Itagaki no esconde el horror de convivir con cientos y miles de Hannibal Lecters que comparten escuela y trabajo contigo.

En este mundo fantástico que dibuja Itagaki es muy inteligente el uso de los estereotipos que utiliza la autora. Legoshi, el gran lobo gris, no es un carnívoro alfa, sino un canino de buen corazón sensible que intenta entender el mundo que le rodea y niega parte de sus instintos. Su antagonista, Louis, es un ciervo que dirige el club de teatro. Orgulloso y dominante, es el animal más exitoso y rico de la escuela Cherryton, temido incluso por los carnívoros más salvajes. En medio se encuentra la conejita Haru: pequeña, adorable y solitaria que tiene una vida sexual activa acostándose con grandes carnívoros o pequeños herbívoros. Entre el shônen romántico de instituto y la fábula más cruel, Itagaki ha creado una obra extraña y absorbente que fascina a lectores y crítica gracias a su lúcido argumento y a un dibujo ágil tan cercano al arte europeo, el manga clásico y la cinematografía, la rama artística que la autora estudió en la facultad antes de hacerse mangaka. Entre las influencias para Beastars se encuentran la obra fílmica de Wes Anderson, Denis Villeneuve o David Lynch, algo bastante atípico para una autora de cómics japoneses.

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