Acabé hecha un trapo huyendo de la realidad

Saludando al abismo

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Si hay algo que ha sabido hacer de forma extraordinaria la autora Kabi Nagata es mostrarnos que el manga autobiográfico de ensayo no tiene por qué ser un nicho aburrido, sino una manera de asomarse a las terribles repercusiones que puede tener dejarnos hundir en nuestra propia oscuridad. Hoy en día, después de la aterradora realidad postpandemia que algunos sufren y en un mundo que no parece mejorar, es extraordinariamente importante mostrar la necesidad de pedir ayuda a tiempo; y tal vez sea ese el mensaje más importante con el que debamos quedarnos de este cómic.

Kabi Nagata no es la primera persona que, tras un inesperado éxito, sufre al enfrentarse de nuevo al proceso creativo y a las repercusiones que su obra ha tenido en su vida profesional y personal; y tampoco sería la primera autora que decide recurrir al alcohol (u otras sustancias) para evadirse del dolor de vivir (ejemplos conocidos por todos son los de Hemingway, Wilde o Poe). Sin embargo, en el caso de Nagata, esto se debe a los episodios depresivos que sufre desde su juventud y que la han llevado a problemas graves de inseguridad y autoestima en el presente.

«Todo comenzó el 7 de octubre de 2018, a mediodía, cuando me desperté». No son las primeras palabras de nuestra historia, y podrían conducir a un thriller emocionante, a una romántica historia de amor o a una clásica narración de ciencia ficción o de superhéroes; pero no es así. Ya en la primera página un sanitario explica en un plano contrapicado que el motivo por el que nos hallamos en un hospital es una pancreatitis aguda, mientras que, en la segunda página, la autora nos sitúa en el tiempo de la historia con esas palabras. Pero ¿cómo llegó a desarrollar una enfermedad como la pancreatitis y el hígado graso?

Nagata nos explica que, tras la publicación de Mi experiencia lesbiana con la soledad (2020, Fandogamia) y debido a estar tratando su TDAH con Strattera, no lograba dibujar o tener buenas ideas, por lo que empezó a dar paseos para ir a beber (ya fuera desde el mediodía, de noche o de madrugada). Cuando ya se había convertido en un hábito, algunos camareros le comenzaron a preguntar si era la hora de fichar una vez entraba por la puerta; de esta manera, decidió abandonar sus paseos y beber en casa.

Así, en la primera mitad comienza a explicar cómo transcurre su estancia en el hospital (los dolores, las rutinas, las comidas, los medicamentos, etc.), cómo su estado de ánimo fluctúa entre el pesimismo y el entusiasmo, y sus intentos de continuar su trabajo mientras sigue hospitalizada (así como su decisión inicial de abandonar el manga de ensayo). A partir del capítulo séptimo, sin embargo, habrá de enfrentarse a la dura realidad de añadir a sus enfermedades mentales (depresión, trastorno alimenticio y TDAH) otras físicas, mientras intenta recuperar su vida y su ritmo de trabajo.

Nagata no oculta ninguna de sus recaídas (después de un mes de abstinencia, la abandona para no volver a retomarla), ni la dureza de las semanas y meses posteriores a su hospitalización, la vuelta al hogar familiar, o los continuos vaivenes sobre su necesidad de escribir su propia historia y su interés por dedicarse a la ficción.

Acabé hecha un trapo huyendo de la realidad, aun con su atisbo de esperanza y una suerte de final abrupto en el que la autora se excusa para seguir trabajando, es una llamada de atención muy necesaria y se convierte en una obra que puede servir para que aquellas personas que sufren cualquiera de los trastornos que padece su autora, o las que tienen gente alrededor que las soportan, puedan pedir u ofrecer ayuda (sobre todo para aquellas enfermedades mentales como la depresión). Si hay algo que puede conseguir esta obra es visibilizar la importancia de una respuesta a tiempo, y la exigencia de contar con las medidas, herramientas y personal para evitar que otros, como la mangaka, lleguen a desarrollar una enfermedad de por vida, sufran continuamente por el mero hecho de ser, o decidan poner fin a su existencia.

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