Archivos estelares

Una viñetista de cuidado

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«La vida de la gente, con más, no es mejor. Necesitamos una economía del cuidado. Simple: producir menos y centrarnos más en cuidarnos».

Joan Tronto, politóloga, responde a Yeray S. Iborra en eldiario.es el 30 de septiembre de 2016

Este 2017 que hemos dejado atrás ha sido un año importante para Flavia Álvarez-Pedrosa (Barcelona, 1987), más conocida como Flavita Banana. En febrero, Lumen publicaba Las cosas del querer, libro en el que las mujeres se expresan con absoluta naturalidad, más allá de la condición de género, sin obviar que los roles femenino y masculino no tienen sentido alguno para su visión de la realidad. En otoño, ¡Caramba!, la editorial de Alba Diethelm y Manuel Bartual, le editaba el libro que nos ocupa, este Archivos Estelares, antología de 200 viñetas de la autora barcelonesa, que nace a propósito de la autoedición del agotadísimo y más breve Archivos Imperiales, publicado en diciembre de 2016.

Y para rematar el año, Flavita Banana participaba, junto a sus colegas Carla Berrocal, Raquel Gu, Susanna Martín, Paulapé y Ana Belén Rivero, en la reducida pero muy interesante exposición Dones Dibuixades, reinterpretación de la obra de Núria Pompeia, pionera de la viñeta feminista en nuestra tierra, por parte de estas seis autoras. La exposición, comisariada por Pepe Gálvez y Alfons López, se pudo visitar hasta el pasado 4 de febrero en la biblioteca Ignasi Iglésias-Can Fabra de Barcelona, antes de iniciar un periplo a lo largo y ancho del territorio catalán. Flavita se encargó de la reinterpretación de tres viñetas de Mujercitas (Punch, 1975).

Han pasado más de 40 años desde la publicación del libro, pero, como refleja la dibujante en su revisión, el problema de fondo persiste. Inteligentemente, la autora barcelonesa cambia el conflicto entre niño y niña por las preferencias gay o trans de los progenitores actuales, le da una vuelta de tuerca a la condición laboral de la mujer y certifica que persisten los sometimientos que las mujeres tienen que aguantar aun ahora. En las tres viñetas, el problema de fondo se mantiene, ya que en cuatro décadas no han cambiado ni las proyecciones de nuestros deseos y frustraciones sobre nuestros retoños ni las actitudes machistas, ni la discriminación por motivos de género. En este anclaje evolutivo insiste la selección de momentos estelares recopilados en el volumen que nos ocupa.

Para lograrlo, se sirve de lo justo y necesario. El dibujante y humorista gráfico Darío Adanti cree que los chistes de Flavita Banana tienen algo de haiku por esa depuración de texto y dibujo y por su invitación a la reflexión. Solo dibuja y escribe lo imprescindible para noquear al lector con esas reflexiones a veces cínicas, otras absurdas, que, no obstante, destilan un verdadero amor por el género humano, una reivindicación del cuidado propio y del prójimo.

Al leer estas páginas se infiere un ingente trabajo para encontrar la frase exacta, la palabra apropia da. El contraste con el dibujo, apenas esbozado, sin rostros ni filigranas, potencia el mensaje, sea un absurdo de la vida moderna, las crisis en las relaciones de pareja o el humor disparatado a lo Monty Phyton. Porque Flavia se mueve bien en el nonsense depurado, aquel que aparece en viñetas como la de la contraportada de Archivos Imperiales (2016): «Ricardo soñó que era anoche un espía, pero al despertar sigue siendo una patata frita».

Cuando a Flavia le preguntan si es feminista, responde con tino que en estos tiempos no hay otro remedio que ser feminista, sin importar el género. Poco amiga de las etiquetas, sus dibujos beben tanto del humor negro de Chaval como de la filantropía de Sempé o la gestualidad de Blutch. Una titán del Pentel que también desciende de la tradición arrancada por Pompeia, el fallecido Forges o El Roto.

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