Black Dog

Pesadillas de la Gran Guerra

Black Dog ECC EDICIONES

La Gran Guerra ha sido fuente de abundante inspiración para los autores de cómic. El que se ha considerado como el primer conflicto bélico moderno cambió para siempre la forma en que los estados concebían la guerra, descubriendo el concepto de guerra de resistencia, en el cual las leves cesiones de territorios atrincherados eternizaron un enfrentamiento que se cobró alrededor de treinta millones de víctimas. No solo clásicos como Jacques Tardi se han acercado a este conflicto, sino que lo han hecho autores de la talla de Joe Sacco, Manu Larcenet o David B. El carácter pionero de este conflicto teje una telaraña de brumosas leyendas a su alrededor que le confiere un aire mítico que no tienen otras guerras. Junto a su carácter global e industrial, quizá sea ese uno de los atractivos más poderosos para los creadores.

En 2015, la organización 14–18 Now y el Museo Imperial de la Guerra encargaron a Dave McKean un proyecto artístico inspirado en la Primera Guerra Mundial con motivo de su centenario. Ya sabemos que a veces las obras por encargo no suelen ser las más representativas de un autor. Pero McKean se creció con esa petición, e inspirándose en la figura del pintor británico Paul Nash, realizó la novela gráfica Black Dog, que ha publicado en español ECC y que representa la vuelta al cómic por todo lo alto del genial portadista de The Sandman y colaborador habitual de Neil Gaiman.

Paul Nash fue un pintor londinense que sirvió en el ejército británico durante la Gran Guerra. Tras el final de esta, consolidó su carrera como artista plástico y estableció vínculos con las vanguardias de la época, especialmente con el surrealismo. El gran mérito de Nash fue combinar la tradición de la pintura paisajística inglesa con los movimientos de vanguardia europeos. Sus obras más recordadas tienen como inspiración el horror del conflicto armado. Durante la Gran Guerra, su trabajo se concentró en la representación deformada del paisaje del frente, que hizo en numerosos cuadros de gran tamaño.

McKean reconstruye la figura de Nash de manera atomizada, con una serie de saltos temporales que nos llevan desde el Paul niño, evocando la figura de su madre, hasta su estancia en el hospital de Queen Square, donde se recupera de sus afecciones nerviosas tras su experiencia en el frente. Con esa narrativa fragmentada, vamos uniendo las piezas que forman a Paul Nash, en el retrato de una vida marcada por el recuerdo de su progenitora, la experiencia bélica junto a su hermano, sus amores, y, sobre todo, el horror de la carnicería humana en la Gran Guerra. Los sueños de Paul Nash son el hilo conductor de la obra, a través de los cuales, y de ese leitmotiv del perro negro (black dog alude también, en inglés, a un estado emocional de tristeza, melancolía o depresión) que acompaña toda la vida al pintor, vamos conociendo al autor.

Visualmente nos encontramos con un Dave McKean pletórico, que a pesar de haber desarrollado en los últimos años una maestría inigualable en la ilustración digital, vuelve en Black Dog a apostar por un trazo físico, real, más carnal y contundente. Y no solo eso, sino que en un extraordinario tour de force, no se conforma con seguir un solo estilo, sino que durante toda la novela gráfica experimenta con diferentes trazos, ora más realistas, ora más caricaturescos, en ocasiones estableciendo un diálogo con el surrealismo del que bebió el propio Nash, en otras, haciendo uso de sus fantasmagóricos collages, que van al dedo para poder describir la experiencia del frente. Todo ello, en una asombrosa mezcolanza en la que esos diferentes estilos conviven yuxtapuestos, en violentos contrastes para el lector. Es un Dave McKean completo el que encontramos aquí, desde el minimalista, hasta el pintor de vanguardia, pasando por el veterano narrador de cómic.

Black Dog es una obra difícil, hasta el punto de que ha pasado considerable y sorprendentemente desapercibida entre el público y la crítica. Necesita de varias lecturas para que el lector pueda llegar a su fondo. Pero, aunque esto no suceda, como las buenas obras de vanguardia, es capaz de llegar al lector desde un enfoque emocional e irracional, sin necesidad de que entendamos todo, tal es la poderosa fuerza de las imágenes de McKean. Esta novela gráfica marca un nuevo hito en su carrera y no hace más que corroborar el grado de maestría de su autor.

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